LAS 12 PUERTAS DE ZARAGOZA: SECRETOS DE LA MURALLA QUE AÚN RESISTE

Imagínate caminar por Zaragoza hace cientos de años, cuando el sol se ponía y los porteros golpeaban el portón anunciando el cierre de la ciudad. La gente apuraba sus pasos, los comerciantes recogían sus puestos, y las doce puertas que protegían Zaragoza se convertían en guardianas del silencio. Hoy, esa ciudad amurallada vive en nuestro recuerdo, en calles con historia, en piedras que aún susurran lo que fueron.

Zaragoza, conocida como Caesaraugusta en tiempos romanos, fue desde el principio una ciudad estratégica por su localización. Los romanos no lo dudaron: la amurallaron para protegerla de los ataques.

Con el paso del tiempo, Zaragoza y aquel primer cinturón de piedra dio paso a una ciudad más grande, que llegó a tener nada menos que doce puertas: cuatro heredadas de la antigua Roma y ocho añadidas en la Edad Media. Esas puertas eran los accesos a una Zaragoza amurallada, pensadas tanto para defenderla como para organizar su día a día.

Hoy, de todas ellas, solo queda una en pie, testigo solitario de un pasado lleno de historia.

La antigua muralla de Caesaraugusta fue una auténtica obra de ingeniería para su tiempo. Se levantó combinando materiales: por dentro, mortero romano; por fuera, grandes bloques de piedra que le daban solidez y presencia. Rodeaba completamente la ciudad con un perímetro de 3 kilómetros, alcanzando los 10 metros de altura y 7 de anchura, y estaba reforzada por 120 torreones semicirculares que la hacían casi inexpugnable.

Aunque hoy solo se conservan algunos restos, esos fragmentos que han llegado hasta nosotros fueron construidos entre los siglos II y III d.C. Con el paso de los siglos, tanto visigodos como musulmanes aprovecharon esta muralla para seguir defendiendo la ciudad.

El trazado de Caesaraugusta también fue muy ordenado: se organizó en torno a dos grandes calles principales. Una iba de norte a sur, el cardo máximo, que hoy sería la calle Don Jaime I; la otra, de este a oeste, el decumano máximo, que coincide con las actuales Manifestación, Espoz y Mina y Mayor. En los extremos de estas calles se levantaron cuatro puertas monumentales, que servían como entrada a una ciudad protegida y vibrante.

Durante cuatro siglos (año 714 al año 1118) los musulmanes ocuparon la ciudad. En este tiempo la ciudad creció y se impulsó la construcción de una nueva muralla de ladrillo.

Las puertas de Zaragoza no solo marcaban el límite físico de la ciudad, también eran puntos clave en su organización diaria. Allí se regulaba la entrada de mercancías y se cobraban los impuestos correspondientes, tarea que realizaban los porteros, quienes en muchos casos vivían dentro de la propia estructura de la puerta. Cada día, cuando caía la tarde, el cierre se anunciaba con tres golpes de vara sobre el portón: a las siete en invierno y a las ocho en verano. Sin embargo, las puertas de Santa Engracia y del Ángel eran excepciones, ya que permitían el paso del servicio público con vigilancia, y se abrían al amanecer. En épocas difíciles, como durante la peste de 1564, el acceso a la ciudad fue restringido de forma estricta, solo posible para quien contara con una autorización especial.

En 1868 el Ayuntamiento de Zaragoza aprobó el derribo de todas la puertas salvo la del Carmen, la del Duque y la de Santa Engracia, aunque en años posteriores se volvieron a levantar algunas de ellas.

Las doce puertas de Zaragoza
HERALDO DE ARAGÓN

LA PUERTA DEL ÁNGEL

La Puerta Norte fue durante siglos la gran entrada a Zaragoza. Era la puerta principal de la antigua muralla romana y se encontraba donde hoy está el Paseo de Echegaray y Caballero, justo entre el Palacio Arzobispal y La Lonja. En ese mismo lugar llegaron a construirse tres puertas distintas a lo largo del tiempo, cada una con su historia.

Durante la época de dominación árabe, esta entrada cambió de nombre y empezó a conocerse como Puerta de Alqantara, que con el paso de los años evolucionó en lengua romance hasta convertirse en la Puerta Alcántara.

Una de las más recordadas fue la segunda puerta, construida en 1492 con motivo de la visita de los Reyes Católicos. En lo alto de su estructura se colocó una escultura del Ángel Custodio, lo que le dio también ese nombre popular.

Sin embargo, su historia terminó de forma trágica: durante los Sitios de Zaragoza sufrió graves daños y finalmente fue derribada en 1821.

La Puerta del Ángel

La tercera puerta se levantó en 1860 con motivo de la visita de la reina Isabel II y fue derruida en 1869.

Tercera Puerta del Ángel
MARIANO JÚDEZ Y ORTIZ (1866)
Puerta del Ángel
ARCHIVO AYUNTAMIENTO DE ZARAGOZA

LA PUERTA CINEGIA

La Puerta Sur de la Muralla Romana se encontraba entre la actual Calle Martíres y la Plaza de España y desde allí se accedía a un enorme socavón, resultado de las excavaciones que se hacían para obtener tierra destinada a las obras de la ciudad.

Durante siglos, en los alrededores de esta puerta se colocaba el mercado principal de Zaragoza, hasta que en el año 1210 fue trasladado a la Puerta de Toledo, buscando un espacio más adecuado. Además, en una de sus torres estuvo instalada la cárcel común de la ciudad, hasta que en 1440 también fue trasladada a la misma puerta.

En 1492, fue remodelada, adaptándose a los nuevos tiempos pero su historia terminó de forma abrupta: durante la Guerra de la Independencia, fue gravemente dañada, y lo que quedaba de ella fue derribado en 1809.

Puerta Cinegia
PUERTA CINEGIA, ANTONIO CALLAVED, 2011

LA PUERTA DE TOLEDO

La Puerta Oeste de la muralla romana se alzaba donde hoy se encuentra la calle Manifestación. Era una entrada muy especial, ya que desde allí partía el camino que conducía al Palacio de la Aljafería y era el punto por el que entraban los cortejos reales cuando visitaban la ciudad.

Durante el periodo musulmán, esta puerta fue conocida como Beikala, pero tras la conquista cristiana adoptó el nombre de Puerta de Toledo, ya que desde allí comenzaba el camino hacia esa ciudad. Con el paso del tiempo, el lugar se convirtió en un espacio cargado de historia, y también de dureza: en 1440 se instalaron allí la Cárcel de Manifestados y la Cárcel Real, trasladadas desde la Puerta Cinegia.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1591, cuando el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, fue encarcelado en estas torres y posteriormente ejecutado. En la puerta también se encontraba la picota, el lugar donde se llevaban a cabo las penas capitales.

A lo largo de los siglos, esta puerta conservó sus dos torreones de piedra, testigos del paso de romanos, musulmanes y cristianos. Pero en 1842, después de tantos años en pie, fue finalmente derribada, cerrando uno de los capítulos más intensos de la historia de Zaragoza.

Puerta de Toledo
LA PLAZA DEL MERCADO, 1867

LA PUERTA DE VALENCIA

La Puerta Este de la muralla romana tenía un simbolismo especial: era la salida que señalaba el camino hacia Roma, por eso, en sus orígenes, fue conocida como la Porta Romana. Más tarde, durante el periodo musulmán, recibió el nombre de Baab Alqibla, que en árabe hacía referencia a su orientación hacia La Meca, el punto hacia el que rezan los musulmanes.

Esta puerta se encontraba muy cerca de la actual Iglesia de la Magdalena, y como muchas otras de la ciudad, estaba flanqueada por dos torreones que le daban un aspecto imponente. En su parte superior, además, había viviendas, una práctica habitual en muchas puertas medievales, que combinaban función defensiva con usos residenciales.

Tras siglos siendo parte del paisaje y la historia de Zaragoza, la puerta fue finalmente derribada en 1867, perdiéndose así uno de los accesos más antiguos y simbólicos de la ciudad.

Puerta de Valencia
JUAN MORA INSA

Actualmente se conservan restos de la puerta en una fachada y sobre el pavimento de la Plaza de la Magdalena se puede observar por donde discurría dicha puerta.

LA PUERTA DE SAN ILDEFONSO

Por esta puerta hizo su entrada triunfal Alfonso I El Batallador en 1118, tras conquistar Zaragoza a los musulmanes. Se encontraba muy cerca del Torreón de la Zuda, y a lo largo de los siglos fue conocida con distintos nombres que reflejaban su historia y su entorno: Postigo del Mercado, Puerta Imperial o Puerta de la Tripería, este último porque en los alrededores se vendían los restos del matadero cercano, como vísceras y despojos.

No era una puerta cualquiera, pero tampoco tenía buena fama. Se decía que traía malos presagios, ya que por ella salían los presos que iban a ser ajusticiados públicamente, cruzando su umbral en su último trayecto.

Con el tiempo, su estructura se fue deteriorando y en 1842 fue derribada. En su lugar se construyó una nueva puerta que se mantuvo en pie hasta 1904, cuando también fue eliminada, cerrando así uno de los capítulos más oscuros y simbólicos de la historia urbana de Zaragoza.

Puerta de San Ildefonso
PUERTA DE SAN ILDEFONSO,AGUSTÍN ESTEBAN, 1904

LA PUERTA DE SANCHO

Esta puerta miraba hacia el oeste y conectaba la ciudad con las fértiles huertas de La Almozara. Era más que un simple acceso: durante mucho tiempo fue la puerta por donde salían los desterrados, aquellos que debían abandonar Zaragoza por castigo o decisión de la autoridad.

Además de su carga simbólica, también fue escenario de lucha. Durante el Primer Sitio de Zaragoza, en plena Guerra de la Independencia, aquí se libró una de las batallas más duras entre los defensores de la ciudad y las tropas francesas.

Estaba situada en el punto donde hoy confluyen la Plaza Europa y la calle Santa Lucía, y recibió el nombre de Puerta de Sancho, en honor al rey Sancho Ramírez, una figura clave en la historia del Reino de Aragón.

Como tantas otras estructuras históricas, fue derribada en 1868 debido a su deterioro. Sin embargo, poco después se decidió reconstruirla, y la nueva versión de la puerta permaneció en pie hasta 1904, cuando fue eliminada definitivamente.

Puerta Sancho
PUERTA SANCHO, ANTONIO CALLAVED, 2011

En los alrededores de su ubicación se construyó, en su recuerdo, un conjunto escultórico y se pintó un mural.

LA PUERTA DEL PORTILLO

Se levantaba junto a la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo, en un punto estratégico que conectaba directamente con el Palacio de la Aljafería.

Durante los Sitios de Zaragoza, fue escenario de una de las acciones más valientes de la resistencia: el histórico disparo de Agustina de Aragón que marcó el espíritu de lucha de toda una ciudad.

La puerta quedó seriamente dañada durante los combates, y aunque se restauró en años posteriores, finalmente fue derribada en 1868, cerrando un capítulo importante en la memoria bélica y urbana de Zaragoza.

Puerta del Portillo
PUERTA DEL PORTILLO, ANTONIO CALLAVED, 2011

En 1827 se reconstruyó la Iglesia del Portillo y en su tejado se construyó un elemento conmemorativo en memoria de la Puerta del Portillo y sobre la función que cumplió la propia Iglesia.

Iglesia del Portillo

LA PUERTA DE SANTA ENGRACIA

Cambió de forma y de ubicación en 3 ocasiones. La primera estuvo ubicada junto a la Iglesia de Santa Engracia, donde hoy se encuentra el edificio de Correos y durante la Guerra de la Independencia quedó en estado ruinoso y se derribó.

Puerta de Santa Engracia
PRIMERA PUERTA DE SANTA ENGRACIA, ANTONIO CALLAVED, 2011

La segunda puerta se levantó en el Paseo de la Independencia, justo a la altura donde hoy se encuentra el edificio de Correos. Después de los estragos de la Guerra de la Independencia, se decidió construir allí un portalón provisional para cubrir el hueco dejado por la anterior puerta derribada.

Aunque en principio iba a ser una solución temporal, acabó quedándose mucho más tiempo del previsto. Varios intentos de sustituirlo por una estructura más sólida y definitiva fracasaron, y ese portalón improvisado terminó formando parte del paisaje zaragozano durante varios años.

Puerta de Santa Engracia
SEGUNDA PUERTA DE SANTA ENGRACIA, CHARLES CLIFFORD, 1860

La tercera y última Puerta de Santa Engracia se levantó en 1866 en lo que hoy conocemos como la Plaza de Aragón. Era una construcción imponente que buscaba recuperar el carácter monumental de las antiguas puertas de la ciudad. Sin embargo, su presencia no duró demasiado.

Con la llegada del progreso y el diseño del trazado del tranvía, la puerta empezó a verse como un obstáculo para el desarrollo urbano. Finalmente, fue derribada en 1904, dando paso a una nueva etapa para ese espacio.

En su lugar, el entorno pasó a conocerse como Plaza de Aragón, y allí se levantó uno de los monumentos más emblemáticos de Zaragoza: el monumento al Justicia de Aragón, que aún hoy preside la plaza y mantiene vivo el recuerdo de la historia aragonesa.

TERCERA PUERTA DE SANTA ENGRACIA, 1899

LA PUERTA DEL DUQUE DE LA VICTORIA

Esta puerta se encontraba junto a la Iglesia de San Miguel de los Navarros y nació al calor del progreso. Se abrió en 1856, coincidiendo con la inauguración de la línea de ferrocarril Madrid-Zaragoza, un acontecimiento de gran relevancia para la ciudad. La ceremonia estuvo presidida por el General Espartero, entonces Duque de la Victoria, una figura muy influyente en la política del momento.

La construcción de la puerta se hizo con mucha prisa, para que todo estuviera listo a tiempo para el evento. Esa urgencia tuvo consecuencias: una parte de la fachada se vino abajo poco después, al no estar bien asentada.

Tiempo después, se levantó en su lugar una nueva puerta de hierro fundido, con un diseño más moderno. Sin embargo, esta también tuvo los días contados, terminó desapareciendo en 1919, cerrando así otro capítulo en la historia cambiante de los accesos monumentales a Zaragoza.

Se realizó un mural en su recuerdo.

LA PUERTA QUEMADA

Esta puerta fue, durante siglos, la entrada al barrio judío de Zaragoza, un espacio lleno de vida y tradición hasta su desaparición en el siglo XV. Estaba situada entre las actuales calles Asalto y Heroísmo, en una zona que hoy apenas conserva restos visibles de aquel pasado, pero que fue clave en la historia de la ciudad.

Recibía el nombre de Puerta del Carbón por una razón muy curiosa: junto a ella solían reunirse los carboneros, encendiendo hogueras para preparar su mercancía. El humo constante oscurecía la piedra, tiñéndola de negro, y esa imagen acabó dándole su nombre.

Con el tiempo, su estructura se fue deteriorando, y en 1795 fue derribada debido a su mal estado. Aquel mismo año se levantó una nueva puerta en su lugar, pero su existencia fue breve: desapareció en 1809, en plena Guerra de la Independencia, como tantas otras construcciones históricas zaragozanas.

Puerta Quemada
PUERTA QUEMADA, ANTONIO CALLAVED, 2010

LA PUERTA DEL SOL

Esta puerta se alzaba en el Coso Bajo y destacaba por un detalle muy especial: un sol tallado en piedra negra decoraba su fachada. Esta piedra procedía de Calatorao, y la imagen del sol no solo era decorativa, sino que también servía como reloj, marcando las horas con la sombra proyectada sobre el relieve.

Era un punto de paso habitual para los aguadores, que iban y venían cargando cántaros desde el río Ebro, abasteciendo de agua a la ciudad cuando no existía red de suministro.

Con el paso del tiempo y los cambios en la fisonomía urbana, esta singular puerta fue derribada en 1869, poniendo fin a una estampa cotidiana de la Zaragoza de antaño.

Puerta del Sol
PUERTA DEL SOL, ANTONIO CALLAVED, 2010

Se realizó un mural en su recuerdo y el reloj se conserva en el Museo Provincial de Zaragoza.

LA PUERTA DEL CARMEN

La historia de la Puerta del Carmen es la de una superviviente, la única que aún permanece en pie en toda Zaragoza. La primera puerta que ocupó este lugar se conocía como Baltax y estaba adosada al antiguo muro defensivo de la ciudad. Más tarde, se construyó una nueva entrada unos metros hacia el interior, y en 1656 fue remodelada, adoptando ya el nombre con el que la conocemos hoy.

El paso del tiempo y su deterioro llevaron a las autoridades a aprobar su derribo en 1787, pero no tardó en renacer. En 1794, el arquitecto Agustín Sanz levantó la versión actual de la puerta en el mismo emplazamiento donde aún se conserva.

Desde entonces, ha sido testigo de algunos de los episodios más duros de la ciudad. Aguantó los bombardeos durante los Sitios de Zaragoza, resistió el asalto carlista del 5 de marzo de 1838, y se convirtió en símbolo de la resistencia. Por eso, en 1908, con motivo del Centenario de los Sitios, fue declarada Monumento Nacional.

Finalmente, en 1927, se eliminaron el muro y los edificios que la rodeaban, dejándola aislada pero protagonista, como un recuerdo vivo del pasado heroico de Zaragoza.


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